Un hermoso día de primavera Arturo y
Clementina, dos jóvenes y hermosas tortugas se conocieron al borde de un
estanque y aquella misma tarde descubrieron que estaban enamorados.
Así Arturo
y Clementina se enamoran e inician una
vida conjunta. Lo que en un principio promete como una relación tierna y llena
de complicidad; se va transformando en una relación monótona y de encierro.
Arturo
no deja crecer a Clementina, y cada regalo
que le hace, se convierte en una tremenda losa que no deja a la tortuguita
avanzar.
CLEMENTINA.- Me gustaría tener una flauta. Aprendería a tocarla, inventaría
canciones, y eso me entretendría.
ARTURO.- ¿TÚ? ¿Tocar la flauta tú? ¡Si ni siquiera distingues las notas!
Eres incapaz de aprender. No tienes oído.
Aquella misma
noche, Arturo apareció con un hermoso tocadiscos y lo ató bien a la casa de
Clementina.