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17 enero 2016

Sorpresa de internauta

Hola hilander@s:
Curiosidades que nos da Internet, demostrando que el espacio cibernético es insondable….
Curioseando, me he topado con una VOZ que ha dado vida a un cuento mío. La historia la podéis encontrar en el blog. Aunque esa VOZ hace su propia versión.
Se me hace raro, la verdad. ¡Sorprendida me quedo!
Por cierto, sigo viva y contando, aunque el blog se mueva menos que una momia.
Pincha aquí para escucharlo

¡Muchos besos y hasta la próxima!

05 noviembre 2014

Zapatero a tus zapatos (Vestuario)



Dame zapatos, de muchos colores, con o sin tacones. De cuero o sintéticos, con velcro o cordones. De punta redonda o triangular, brillantes o llenos de suciedad.
Esto era una vez, un zapatero que coleccionaba zapatos y los guardaba en un arcón. Allí guardados, los zapatos se aburrían e inventaron un mundo, al que llamaron Puntaytacón.
Las botas de montaña, eran los caballeros de honor, recorrían los campos sin desgaste, subían el monte, lo bajaban y, a veces, luchaban contra un dragón.
Las deportivas eran las mensajeras, las más rápidas siempre en llegar. Recorrían a veces kilómetros, otras millas, siempre las cartas eran los primeros en entregar.
Las pantuflas, buenas consejeras reales. Cálidas y tranquilas, siempre las más cabales del lugar.
El tacón más alto, una madrastra muy peculiar. Altiva y sufrida, a las princesas buenos modales quería enseñar.
Las manoletinas eran las princesas, por los bailes de la corte de puntillas iban a danzar. Para no cruzarse con su madrasta, que su espíritu quería domar.
Los mocasines, los príncipes atolondrados, que sobre un caballo blanco, el amor querían encontrar.
Los náuticos, los marineros, que con la luna salían a navegar. A ver si luchaban contra piratas o con sirenas podían cantar.
Las alpargatas, eran las campesinas, que en la tierra querían sembrar. Cereales, frutas o verduras, mirando siempre al cielo están. No vaya hacer mal tiempo en ese lugar.

28 octubre 2014

Comecuentos II: Postre



Después de una copiosa comida, viene el postre. Un guiso muy especial, que no empacha y llena de dulces sensaciones las palabras.


Un guiso muy dulce

Dulce es el gran amor de mi vida. Cocinada a fuego lento durante treinta años y aderezada con los mejores condimentos, el resultado es una mujer de tres tenedores.
Sus hermosos ojos son de un bello color caramelo. Tiene los labios rosas como las fresas, sabrosos y delicados cual trufa. Las mejillas siempre se conservan encarnadas como las cerezas y su pelo desprende un encantador aroma a canela.
La sonrisa resulta exquisita como la miel y adoro acariciar su piel suave de melocotón. Siempre ha sido un bombón, con figura de embriagante licor.
Llena de deliciosos ingredientes, sus palabras siempre me reconfortan con un agradable toque a manzanilla y sus besos son de ardiente y picante guindilla.
En el menú de la vida, Dulce nunca me ha decepcionado. Noche tras noche regreso a su lado y ella me deleita con todos sus buenos sabores.