28 octubre 2014

Comecuentos II: Postre



Después de una copiosa comida, viene el postre. Un guiso muy especial, que no empacha y llena de dulces sensaciones las palabras.


Un guiso muy dulce

Dulce es el gran amor de mi vida. Cocinada a fuego lento durante treinta años y aderezada con los mejores condimentos, el resultado es una mujer de tres tenedores.
Sus hermosos ojos son de un bello color caramelo. Tiene los labios rosas como las fresas, sabrosos y delicados cual trufa. Las mejillas siempre se conservan encarnadas como las cerezas y su pelo desprende un encantador aroma a canela.
La sonrisa resulta exquisita como la miel y adoro acariciar su piel suave de melocotón. Siempre ha sido un bombón, con figura de embriagante licor.
Llena de deliciosos ingredientes, sus palabras siempre me reconfortan con un agradable toque a manzanilla y sus besos son de ardiente y picante guindilla.
En el menú de la vida, Dulce nunca me ha decepcionado. Noche tras noche regreso a su lado y ella me deleita con todos sus buenos sabores.

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